El 20 de mayo de 2018 hará un año de la boda de Pippa Middleton y James Matthews, la cual tuvo lugar en la capilla medieval de San Marcos en Londres. Fue una boda “casi real” según el veredicto de la prensa nacional sobre el evento. Pues asistió una gran representación de la casa de los Windsor, encabezada por el príncipe William y su esposa Kate, la hermana de la novia. Los dos hijos de la pareja, George y Charlotte, robaron parte del protagonismo en sus respectivos papeles de paje y dama de honor.

Pippa Middleton llegó a la iglesia acompañada de su padre, Michael, en un Jaguar MK V descapotable. Era de color verde oliva, del año 1951. Cuando salió del coche se develó uno de los secretos mejor guardados del enlace: el vestido de la novia. Era de encaje entallado a su fina silueta, del diseñador Giles Deacon. Detrás de Pippa aparecía Kate Middleton, vestida de color melocotón suave y un grupo de niños entre los que estaban sus hijos. En esta ocasión Kate y Pippa intercambiaban los papeles. Pues esta vez era Kate quien colocaba la cola del vestido de novia a su hermana a la entrada de la iglesia. El mismo gesto que hizo Pippa en la boda del Principe William y su hermana Kate.

Además de una gran presencia de la prensa, a las puertas de la iglesia también había una notable cantidad de fans de los royal británicos. Docenas de personas se concentraron en la entrada de la capilla donde Pippa Middleton y James Matthews se dieron el “Sí, quiero” con carteles y pancartas de apoyo a la Casa Real Británica. A la llegada de la novia, los gritos de los seguidores de la monarquía retumbaron por el lugar. Fue algo que sorprendió a Pippa Middleton que no dejó de sonreír a la gente que estaba allí reunida.

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