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Un salto hacia la equidad en salud

Un salto hacia la equidad en salud

En un reciente artículo de perspectiva publicado en Medicina naturallos investigadores han explorado el potencial de las intervenciones de autocuidado para mejorar la salud y el bienestar de niñas y mujeres para promover la igualdad, la igualdad de género y los derechos humanos.

Estancia: Intervenciones de autocuidado para la salud y el bienestar de las mujeres. Crédito de la imagen: PeopleImages.com – Yuri A/Shutterstock.com

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Todo el mundo tiene derecho a una buena salud, pero se estima que la mitad de la población mundial no tiene acceso a servicios básicos de atención sanitaria.

Las mujeres suelen verse afectadas de manera desproporcionada y muchas viven en la pobreza o fuera del alcance de los sistemas de salud públicos y, por lo tanto, no pueden pagar la atención médica.

Las personas desplazadas por la guerra o el conflicto, las que viven con el VIH, las que están encarceladas o institucionalizadas, las que se encuentran sin hogar o las que pertenecen a comunidades indígenas u otros grupos minoritarios, son particularmente vulnerables.

La importancia de las intervenciones de autocuidado

La pandemia de enfermedad por coronavirus de 2019 (COVID-19) ha demostrado cómo priorizar las intervenciones de autocuidado, incluida la distribución de anticonceptivos sin receta o la telesalud para mujeres embarazadas, puede empoderar a las mujeres para que se hagan cargo de su salud.

Si bien estas intervenciones comenzaron durante una crisis global, los expertos piden su integración en la atención médica de rutina para promover la salud y el bienestar de las mujeres en entornos propicios, de apoyo y seguros.

Con este fin, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha desarrollado directrices globales basadas en evidencia que enfatizan la importancia de las intervenciones de autocuidado junto con los servicios de atención médica en establecimientos en todos los entornos económicos con marcos e indicadores de seguimiento detallados.

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Los componentes básicos de este sistema son las instituciones, organizaciones, trabajadores de la salud y recursos que se unen para garantizar la protección contra los riesgos financieros y sociales, servicios receptivos, mayor eficiencia y resultados de salud mejores y equitativos.

Integración en la atención sanitaria tradicional.

Mucho antes de que existieran los sistemas de salud formales modernos, las personas se dedicaban a diversas formas de autocuidado para controlar enfermedades o discapacidades, mantener una buena salud o prevenir enfermedades; Siguen haciéndolo solos o con el apoyo de sus familias o trabajadores sanitarios.

Sus prácticas varían según el contexto y están influenciadas por su entorno social, capacidad y cultura de salud, así como por la información a la que tienen acceso.

Aumentar la alfabetización sanitaria puede movilizar a las comunidades y mejorar la capacidad de los ciudadanos para hacerse cargo de su salud.

Las intervenciones eficaces de autocuidado promueven servicios de salud que apoyan a las comunidades a lo largo de la vida y abordan los determinantes de la salud más allá de la atención curativa. Esto se hace mediante un enfoque centrado en las personas, independientemente de si las personas se preocupan por sí mismas o por los demás.

La población debería poder acceder a información y tecnología pertinentes, y las intervenciones deberían ser económicas y eficaces. El personal sanitario debe estar capacitado para promover el autocuidado mediante el desarrollo de capacidades y la capacitación basada en competencias.

Algunas vías prometedoras para las intervenciones son la salud sexual y reproductiva, la salud mental, las enfermedades crónicas y la COVID-19. Las enfermedades no transmisibles se pueden reducir significativamente mediante estrategias de autocuidado, incluido el ejercicio, seguir una dieta baja en sodio y comidas saludables para el corazón, evitar la obesidad y no fumar.

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Los anticonceptivos autoinyectables son otra estrategia rentable en zonas rurales remotas, donde las mujeres no necesitan viajar a centros de salud distantes y se benefician de una mayor privacidad y capacidad de acción; Una vez capacitados, pueden practicar este tipo de autocuidado con un apoyo mínimo de los proveedores.

La autoprueba del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual también ha permitido a muchas mujeres conocer su enfermedad y buscar tratamiento.

Barreras para un autocuidado eficaz

Es crucial garantizar que las intervenciones aumenten el acceso entre las comunidades desfavorecidas y reduzcan la desigualdad en lugar de reforzar las estructuras de poder existentes.

Diferentes grupos de edad pueden requerir direcciones diferentes; Por ejemplo, las mujeres mayores pueden tener afecciones que interactúan, como presión arterial alta, diabetes y artritis, cada una de las cuales requiere procedimientos diferentes.

También deben tenerse en cuenta los costes de las intervenciones para los usuarios. Si el acceso a una intervención implica gastos de bolsillo, la eficiencia y la equidad pueden mejorarse estableciendo programas de protección o apoyo financiero.

Más allá del sistema de salud, la asequibilidad también es un desafío. Por ejemplo, es posible que las madres de bajos ingresos no puedan permitirse comidas saludables que contengan fibra, verduras y frutas. El manejo menstrual también incluye costos como la compra de copas menstruales, tampones y toallas sanitarias.

Debido a una promoción insuficiente, los condones femeninos no se han utilizado ampliamente a pesar de su eficacia comprobada. En regiones de Senegal, Nigeria e India, el conocimiento sobre la anticoncepción de emergencia es limitado y muchos encuestados creen que se debería exigir receta médica para obtenerla.

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Las decisiones de atención médica de las mujeres siguen estando influenciadas por el estigma social, incluida la culpa y el juicio que enfrentan las mujeres jóvenes debido a su sexualidad, lo que puede impedirles realizarse pruebas de embarazo.

Asimismo, existe una falta de conciencia sobre la salud sexual de las mujeres mayores, incluso en relación con la menopausia, lo que puede generar estigma y una atención deficiente. En Estados Unidos, el acceso al aborto se ha convertido en una cuestión políticamente cargada.

Conclusiones

Las intervenciones de autocuidado tienen el potencial de alterar y fortalecer los sistemas tradicionales de atención de salud, mejorando los resultados para las mujeres y otras poblaciones desatendidas.

No pretenden sustituir la atención sanitaria proporcionada a través de los establecimientos, sino más bien complementarla. Sin embargo, se debe tener cuidado para garantizar que estas intervenciones reduzcan la desigualdad en lugar de exacerbarla.

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